Cartas sobre la domesticación, sobre Espacios en Blanco de Luz María Astudillo

Espacios en blanco

Luz María Astudillo

La Calabaza del Diablo

32 páginas

Visto de lejos, el exiguo lugar de una afirmación, con el habla de una carta de curiosas oraciones colgantes o puestas entremedio. Exiguo porque apunta a la figura que formaron unos cuerpos, reconoce las coordenadas de un contacto: el agotamiento, el vértigo esforzado y la amenaza de nunca componer una explicación. Aparte, la fragilidad que encierra la descarga, el vidrio que rasga la cortina con el viento azotado de cercos y escombros. Espacios en blanco de Luz María Astudillo acoge e interrumpe las señas de un discurso de desamor.

En este poemario, los relatos de rupturas, despedidas y viajes y la caligrafía o el dibujo de una destinataria perdida con sencillez; ese sustrato confesional se monta contra accidentes y documentos intraducibles, investigaciones inacabadas y la imagen de Robert Walser fundido con la nieve. Muy probablemente sea en la relación quebrada de estos conjuntos de sentido donde la figura de los textos de Astudillo termina de modelarse: el blanco tácito que los divide vacía y convoca una confluencia.

Destacan entre los elementos del montaje, descripciones e interpretaciones sobre la conducta de los animales, un atisbo no solo de lo que no termina de entenderse, sino de aquello que no puede justificarse desde la razón sin, a su vez, impostar una voz en lo otro sin voz articulada, dotar de una máscara a las especies entre las que somos una particular forma de vida. Es así como la extensión del reflejo animal a lo humano conjetura las capacidades de entendimiento reunidas en nuestra lengua, enmarcada como la artificiosa vigencia de una serie de convenciones, la defensa de un contrato o delimitación. Esta denegación de lo instintivo manifiesta en las escenas de una recortada vida espontánea (animales en zoológicos y descripciones de manuales, datos azarosos de una ilusoria transgresión), oscila en las páginas del libro como «señales falsas» que desorientan el deseo.

Espacios en blanco indaga un ingreso controversial a la poesía amorosa, en contigüidad con la actitud lúcida de Al bello aparecer de este lucero de Enrique Lihn. Sin responder necesariamente a una tradición nacional, sino tomando como distanciada fuente la lírica confesional norteamericana, los poemas de Astudillo sopesan la naturaleza del daño en aquel enervado constructo que son las parejas; imantados por una ausencia, reiteran que no bastan los signos en que nos confiamos, ni las cosas que rondaron una comprensión íntima soportan ya, arruinadas o a contraluz de la emoción que las margina.