Cuatro elefantes

 

La santa patrona transgrede la prohibición y sale a caminar. Ya pasó la camioneta de la policía con su cancioncita: Quédate en casa. Hay que cuidarse. Ha elegido salir a la ruta, aunque molestan los autos que pasan y la banquina derrapa sobre los matorrales espinudos.

            Procedería entonces pasar de la puerta al acto.

            Pero la santa patrona se pregunta por el sentido de su decisión.

            En una historia lo que cuentan son los detalles, cualquier destello de grandeza requiere un trabajo quirúrgico para aplacarlo. Hay una narración donde Marguerite Duras reflexiona sobre la muerte ¡de una mosca!

            A la altura de la casa pareada a la suya, como si hubiese estado con el oído pegado a la puerta, aparece la novia del hijo que se quedó en la casa de la madre para cuidarla. El año pasado la tuvo que ingresar a un Hogar y aprovechó el viaje de vuelta para traerse a la novia y a sus hijes.

            El otro día me estuve acordando de ti, le dice la novia, sin pasar de los canteros que la vieja tenía llenos de lirios. Para oírla, la santa patrona se acerca al límite de la distancia social. La novia, siempre desde los canteros que ahora pasan con piedras, le cuenta que llegó a escribir cuarenta y cinco cuadernos.

            ¡Es un número altísimo! La santa patrona tendrá cinco. Con suerte.

            Me agarró como una fiebre. Ni ella puede explicarse cómo llegó a escribir tanto. Mis chicos eran chicos, y yo todo el tiempo escribiendo los cuadernos. Me acordé de ti, repite. Y calla, pensativa.

            Los quemé todos, los cuarenta y cinco, suelta al fin. No se salvó ni uno. Si no, podría haber escrito un libro. Ganaría plata, hasta sería famosa. Suelta la pepa, la novia.

            ¿Será que la novia se ha vuelto loca? Cuántas confidencias que se saltean el confesionario se publican al año. Solo ella, entre la universidad y los talleres particulares, da clases de escritura a cincuenta y cinco personas que sueñan —como la novia— publicar un libro. Si multiplica por la cantidad de escritores y los años que dan clases o talleres, se escriben permanentemente una cantidad infinita de libros, se podría decir un libro, una persona, un imaginario de rico y famoso. De todas formas, los escritores y escritoras ricos y famosos existen. La aspiración de la novia es realista.

            La santa patrona no se da cuenta que ha seguido caminando y se halla a la altura del arbusto del que la vieja siempre le prometió una patilla. La novia ya no está a la altura de los canteros. Se quedó sin saber qué había en los cuarenta y cinco cuadernos.

            Pasa por el sitio baldío, no tiene árboles o matorrales que lo hagan ver aselvajado, tampoco le tiran basura. Al parecer, es de una tía abuela del cuidador que de vez en cuando fabula con hacer allí una huerta; viva o muerta la tía tiene tantos herederos que es más costoso tomar posesión legal que venderlo. Por eso sigue eriazo. Una vez más la santa patrona se ve abducida por una derivación que no la lleva a ninguna parte. En el pasado siempre salía con un cuaderno o una libreta —servilletas en su período bohemio—. Luego al leer los apuntes, no les encontraba coherencia o no entendía la letra. ¿Para escribir eso, se salió tantas veces del presente? Y abandonó la tarea.

            El campo se ha expandido vertiginosamente. En el medio de la nada por todas partes aparecen casas de fin de semana. Confesiones, diarios, autobiografía, autoficción, historiapersonal, ficcióndeloreal, receteasdecocina, manualesdeayuda… representan más del setenta por ciento de los libros que hoy se publican.

            Los libros literarios acaso llegan al treinta por ciento.

            Y ese treinta por ciento está parado sobre un treinta por ciento que aprendió a escribir en una escuela o taller ofrecido por el o la escritora del primer treinta por ciento, y que busca publicar.

            Una industria que se mantuvo siglos en pequeña escala, cotiza en la bolsa como Monsanto o Blackrock.  

            Si bien en el campo, la literatura es una aguja en un pajar, sobre los hombros de la aguja se sostiene la ficción de que en un pajar podría haber una aguja perdida.

            Una vez se creyó que la tierra era un disco apoyado en los lomos de cuatro elefantes parados sobre el caparazón de una tortuga gigante.

            La santa patrona vuelve la mirada hacia el lado opuesto, al campo de Macchi; a la estructura de fierro de los arándanos, las colmenas, el bosque de casuarinas que planeó vender siendo platines, el estanque de los patos mandarín para exportación, las varillas de las frambuesas para la empresa de dulces caseros. Todo se vino abajo antes de comenzar a producir. Al parecer, en los negocios hay un momento en el que se debe apostar a la inversión. Macchi prefirió perder la inversión en fierro y no dar el salto. Lo increíble es que volvió a perder con las casuarinas, los patos mandarín, las colmenas, las frambuesas, y siguió sin saltar.

            La última novedad es que va a lotear parte del campo para que se levanten más casas de fin de semana. Finalmente dio el salto. Y vino el virus. Lo curioso es que con el dinero piensa comprar un campo como este, en otro lugar, y dedicarlo a la crianza de vacas como las que tiene aquí en el olvido.

            Si le fuese concedido el don de interceder, a la santa patrona le gustaría eximir a los y las escritoras de producir. No llevaban dos días en confinamiento y ya les estaban pidiendo un relato, diario, carta, poema, novela, ensayo, videíto, recital, debates por zoom, lecturas por zoom, clases magistrales por zoom.

            Pero necesitaría que ese don fuera muy poderoso. No solo para protegerlos de si mismos, de la indigencia, las editoriales, las ferias, la prensa, las redes, los formularios para ayudas y becas, sino del treinta por ciento que acecha manuscrito en mano desde las sombras. Una entrevista sin contestar, un diario sobre la cuarentena no entregado, un recital rechazado, pueden desmoronar una escritura.

            La casa de los perros es uno de los motivos por los que evitar salir a la ruta. Apenas sienten que alguien viene, corren a ladrar. El alambrado resiste de milagro. De hecho, siempre salen dos pequeños inofensivos que ladran del lado de afuera. La santa patrona no entiende por qué los otros no salen por el mismo agujero. Le da miedo que un día lo descubran.         

            De casualidad en la red se topó con una carta de una editorial independiente española que tomó la decisión de parar. Dicen que la sobreproducción alarmante de libros, un sistema de distribución perverso que convierte a libreros y editoriales en deudores de fondos de inversión, transformaron lo que editaban con pasión, en libros fantasmas. Los llaman así, fantasmas.

            Al día siguiente de entrar en cuarentena en la calle principal del pueblo apareció un letrero: Vuelva a su casa. En la calle del medio la colocaron a través de un tractor. En esta pusieron a lo largo el camión cisterna, el mismo con el que en verano venían a mojar la calle, metódicamente a las siete de la tarde, cuando ya no pasan autos que levantan polvo. Cuando unes vecinos le mostraron al chofer su incongruencia, él les dijo que antes tenía a mojar otra calle.

            Como el viejo camión no alcanza a cubrir el ancho de la calle, a los dos vecinos que salen de amanecida a trabajar en moto les bastaba pasar por un costado. El cuidador del sitio, que vive tres casas más allá, los escuchó. A la mañana siguiente, de amanecida, escuché un golpe, me contó. Pafff, imitó la caída. Al piso, con moto y todo. Los dos. Por la noche había colocado un alambre entre el poste y el camión cisterna.

            La santa patrona levanta el alambre. La ruta está a cinco pasos, le parece que en el chiste del cuidador está oculto lo que tiene que hacer por las y los escritores, y no llega a verlo.

            De milagro recuerda que decidió venir a la ruta por el deseo de mirar a campo abierto. Antes de salir buscó qué es mirar a campo abierto y le apareció en PDF el capítulo Ver y saber de La arqueología del saber. Aunque Foucault se refiere a cómo la mirada clínica ha ido juzgando y controlando les cuerpos y el cuerpo social, la santa patrona sintió que se refería a la mirada literaria.

            No va a ser sencillo interceder ante ellos para disminuir la producción literaria. Desde la cuarentena cada vez que sale a la ruta tiene la sensación de que está en Cuba. Una de las consecuencias de producir y consumir menos es que disminuye ostensiblemente el tráfico en la ruta. Si pudiera entender lo que hay al fondo del chiste del cuidador. Levanta la cabeza con la mirada que busca a Dios y se encuentra con que en el tendido eléctrico hay un grupo de tijeretas que aprovechan su larga cola compuesta por seis pares de plumas para balancearse.

Cuatro elefantes se balanceaban

sobre la tela de una araña

como veían que resistía

fueron a llamar otro elefante.

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