El nihilismo como necesidad

Ella está próxima y viene con pie callado

Ricardo Azuaje

Schwob Ediciones

63 páginas

«¿Alguien tomó el número de la placa de ese país que se dio a la fuga con el pedazo bueno de futuro que nos tocaba?» Se pregunta David, narrador y personaje principal de Ella está próxima y viene con pie callado (Schwob Ediciones, 2022), nouvelle del escritor venezolano Ricardo Azuaje, ambientada en el Caracas de 1993, complejo periodo en la historia de Venezuela, marcado por la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez –acusado de corrupción– y una serie de atentados explosivos que pusieron en jaque la estabilidad política, social y económica del país.

Como alineado a la coyuntura, David, periodista de profesión, vive su propia crisis. Abandonado sin explicación por su mujer y sumido en un profundo despecho, que como un cáncer: «hace metástasis fuera de sus esperas habituales», afectando su trabajo y cotidianeidad. La falta de interés generalizada que lo aqueja es interrumpida por un suceso que lo sacará de la desidia: motivado por el morbo, espía tras su ventana y con la mirada fija en el piso de enfrente, y observa como una mujer se retira lentamente la ropa, cuando se encuentra completamente desnuda, ella misma acerca un revólver a su sien y dispara. A la mañana siguiente, aún confundido por la escena, decide investigar el hecho descubriendo que la mujer, llamada Mariana, está viva. Como si eso fuera poco, el narrador comienza a ser testigo de una serie de eventos similares que parecen de alguna forma vincularse a la misteriosa Mariana. Un joven que se balancea junto al metro tentando a la muerte, hombres que realizan temerarias danzas en una autopista, son las otras piezas del rompecabezas que David intentará unir.

Motivado por los últimos hechos, el instinto periodístico de David lo lleva a concluir la existencia de una especie de club suicida, una hermandad que sobrelleva de esta forma la vacuidad de la existencia. La atmósfera del relato, ya roída por la contingencia político-social y el quiebre emocional del protagonista, se enturbia aún más con la presencia de este grupo, el mismo protagonista busca encontrar una justificación a un mundo fútil y piensa: «la madurez es precisamente esto, la aceptación del sinsentido como único sentido de la vida, el rechazo de cualquier ideal o proyecto que intente convencernos de que todo puede ser mejor de lo que es». Desde este punto en adelante el relato se centrará en resolver el dilema en torno a esta particular cofradía ¿Realidad o delirio? Será la disyuntiva que aquejará al narrador.

Desde el punto de vista narrativo, el autor logra construir un relato donde la tensión adquiere un rol protagónico, todos los aspectos de la vida de David están en declive, lo social y lo privado se entrelazan para caer en picada, aumentando así la sensación de absurdo existencial que envuelve a la obra y desde ahí estableciendo redes internas con distintos referentes del suicidio como Sócrates, Pavese o Cioran; posicionándose esto último como uno de los aspectos mejor logrados de la trama, que por lo mismo, evidencian la premura del desenlace, quizás el elemento menos logrado en la obra.

Con todo, esta nouvelle plantea un relato que dialoga en sintonía con los actuales escenarios político-sociales latinoamericanos en donde el imperio del absurdo parece colarse en los variados aspectos de nuestra vida y donde –tal como el protagonista plantea– «el nihilismo es una necesidad, una manera de protegerse».