Rosabetty Muñoz: Una oveja del rebaño escribiendo la Constitución

¿Qué puede aportar la literatura a la nueva carta magna de nuestro país? Rosabetty Muñoz, una de las mayores poetas de nuestra tierra, la favorita del año pasado de las provincias para el Premio Nacional, nos lo explica en el siguiente diálogo.

Su internet es inestable, por eso me pregunta cuánto durará nuestro encuentro. Los más de 1200 kilómetros entre Valparaíso y Ancud, la parte norte del archipiélago chilote, dificultan enormemente la comunicación, por lo que debe trasladarse desde el campo, donde está su casa, hasta el centro de la ciudad para conseguir mejor conexión. Sin embargo, pocos días más tarde eso poco se nota, porque Rosabetty Muñoz llega puntual a la cita y aunque su imagen se ve desfasada todo el tiempo, logra responder —casi— sin ningún problema.

«Describe tu aldea y serás universal», decía León Tolstói, el novelista encargado de sacar en papel Ana Karenina, la reconocida novela rusa, y es que eso bien lo sabe Rosabetty. Para ella, resulta fundamental en su trabajo literario escribir sobre el lejano —para nosotros— territorio que la vio nacer, crecer y casi todo lo demás, menos estudiar lo que sería por siempre su pasión: las palabras. Para volverse profesora de Castellano tuvo que salir de la isla y trasladarse a Valdivia, como la mayoría de los jóvenes de esa parte del sur de Chile, y cuando terminó, regresó convertida en profesora y además en lo que siempre quiso ser, escritora. De eso ya han pasado más de cuarenta años.

Entre las obras más conocidas de la ancuditana se incluyen Canto de una oveja del rebaño (Ediciones Ariel 1981), Sombras en el Rosselot (LOM ediciones, 2002), Ratada (LOM ediciones, 2005), Polvo de Huesos (Ediciones Tácitas, 2012), Técnicas para cegar a los peces (Ediciones UV, 2019) y Santo Oficio (Ediciones UDP, 2020), solo por nombrar algunas. Su poesía la ha llevado a obtener diversos reconocimientos, los que incluyen el Premio Pablo Neruda, Premio Altazor de las Artes Nacionales, Premio Mejores Obras Literarias, entre varios más. Desde diciembre pasado su anhelo es solo uno: convertirse en una de las redactoras de la nueva Constitución representando al que siempre ha sido su territorio.

¿Por qué decides permanecer en Chiloé, considerando que históricamente ha sido un territorio impregnado de sufrimiento, pobreza y sobre todo aislamiento?

Desde que empecé a escribir he integrado la palabra, los relatos y la narración con la materia viva de la cultura de Chiloé. Entonces, cuando tuve que decidir si trabajar o volver desde la universidad, lo hice pensando en el tipo de poesía que yo hago y en la escritura que estoy siempre explorando. También en lo que significa vivir en un escenario natural de mucha belleza, pero con una complejidad muy grande y que ha sido, en las últimas décadas, muy castigado por la invasión del sistema neoliberal y del extractivismo que ha ido de a poco arrasando con una forma de vivir y entender el mundo. Quedarme es parte simplemente de esa misma decisión, de instalar una vida en un lugar donde la escritura tiene un sentido y es parte del desarrollo general y cultural del sur de Chile.

Aceptaste la invitación del Partido Liberal para participar como candidata independiente de tu zona. Por lo mismo, ¿qué crees tú que le ofrece la literatura al nuevo proceso constituyente y cómo podría estar representada en ese escenario?

Esto no se desvía mucho de lo que he estado haciendo durante ya cuarenta años entre escritura y trabajo literario, porque escribir es un acto político, quedarse en la provincia y además trabajar desde aquí, también es un acto político. Entonces esta decisión de formar parte del proceso constituyente va en la misma línea. Participar en esta etapa política es una ocasión excepcional y es un desafío para los que hacemos literatura. Las palabras son el material de este nuevo pacto fundamental. Y no cualquier palabra, el desafío ya es mayor desde ahora, es decir, lograr que el lenguaje y las palabras se conviertan en un tejido que nos permita entendernos y encontrarnos. Hay mucha agresividad, mucha herida, mucha resistencia, miedo, desconfianza, sobre todo esto último, pero la gente que yo conozco al menos y que está dentro del ámbito cultural en este proceso, va en el sentido contrario, apostando por las palabras y por el diálogo en profundidad. Ese es el gran desafío: sacarle lustre a las palabras o llenar esas que han sido vaciadas y desprestigiadas todos estos años.

¿Cómo ha sido para ti estar envuelta en este nuevo escenario? ¿Qué te ha costado más?

Como todas las cosas de este mundo: hay de dulce y de agraz. Hay algunos asuntos que me gustan mucho, como el encuentro con las personas, por ejemplo. He tenido múltiples reuniones temáticas con gente de distintos lugares de Chiloé, de Palena, Puerto Montt, Calbuco y en general de todos los lugares que comprenden el Distrito 26 [Ancud, Dalcahue, Quemchi, Chonchi, Chaitén, Calbuco, Futaleufú, Curaco de Vélez, Quinchao, Hualaihué, Cochamó, Puqueldón, Quellón, Queilén, Castro y Maullín] y eso ha sido muy enriquecedor. Todos nos escuchamos acá. Pero también tiene esta cosa terrible de la postergación de la escritura, eso sí que me ha costado. No puedo hacerlo, porque estoy estudiando, trabajando, dando entrevistas, reuniones, mucho trabajo. Esto no es como yo pensaba, creía que significaba dedicarle un par de horas al día y ya, pero es una dedicación completa.

¿Te imaginaste alguna vez como candidata de algo tan importante e histórico como lo es escribir una nueva Constitución?

Nunca. Lo más impresionante de todo es que la vida tiene estas cosas extraordinarias, a veces para bien y otras para mal. La sorpresa de que nunca un día es igual a otro se ha extremado en este último tiempo. Tampoco pensé yo, a mis sesenta años, que iba a vivir lo que estamos viviendo con la pandemia, por ejemplo. No sabemos si va a terminar en uno o dos meses o si vamos a vivir de forma permanente en riesgo, viene este otro proceso que es todo lo contrario, que apunta hacia el futuro, donde todo lo que ofrece tiene que ver con el porvenir. Todo eso es muy estimulante y creo que ninguno de nosotros se lo podría haber imaginado.

¿Cómo percibes a la gente joven de la comunidad chilota, considerando que trabajas directamente con ellos como profesora?

Como todos los grupos humanos, son complejos y hay diversidad en ellos también. Los chilotes siempre hemos estado obligados a salir de la isla para estudiar carreras universitarias. Lo interesante es que están volviendo muchos jóvenes y muy bien preparados. Intelectualmente están entregando mucha energía para pensar en lo que es vivir en esta comunidad, recuperando mucho de lo que es nuestra cultura en términos históricos y antropológicos. Eso va a ayudar para que esta cultura no muera en manos de los embates de la actual economía de mercado en la que nosotros apenas somos peones y no tenemos capacidad de decisión en las cosas que más nos afectan.

Volviendo a lo anterior, con respecto a tu candidatura como constituyente, ¿qué crees tú que necesita el Chiloé de hoy y cómo te lo imaginas en un futuro cuando ya la nueva Constitución sea implementada?

En todas las comunidades del sur vivimos problemáticas similares. Pienso en la provincia de Palena, por ejemplo, donde viví cinco años, y es impresionante el abandono y la desconexión. Creo que lo más importante de todo es discutir un rediseño en términos territoriales entre lugares que tienen más en común y que exista un nivel de participación real donde se puedan resolver muchos de los problemas que nosotros conocemos acá para que así las soluciones sean acordes. No que vengan desde un centro con un desconocimiento, a veces total, a implementar políticas que no solucionan nuestros problemas y entorpecen aún más la vida que hay aquí. Para que eso ocurra tiene que cambiarse esa estructura política, darse mayor participación y ahí viene un segundo trabajo muy importante: volver a reconstituir el tejido social.

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Tu padre era carabinero, entonces ¿cómo sensibilizar a una institución tan criticada?

Son mundos distintos. Lo que yo viví en mi infancia y adolescencia, lo que vi, era una persona como muchas otras de la comunidad, donde había distinta disposición de cuál era el sentido de lo que hacían. Pero todo eso se quebró con la dictadura, con ese poder irrestricto del autoritarismo y de la superposición del orden público a cualquier precio y que se fue profundizando cada vez más. La corrupción y el desplazamiento de lo valórico en la institucionalidad se ha ido profundizando. Yo no me siento para nada identificada ni tampoco siento que esté comprometiendo ninguno de mis afectos en un tema tan brutal como el que está ocurriendo ahora. Y más que castigar o pensar en ese carabinero que a veces no tuvo ninguna opción para estudiar, sí creo en las responsabilidades individuales, pero mucho más creo en la responsabilidad que tiene la institucionalidad política que conduce a que ocurran estos excesos. Para mí no se relaciona casi en nada el carabinero de los años sesenta con el de hoy. La ruptura del tejido social ha afectado a todos los distintos grupos sociales y por supuesto creo que es horrendo lo que hemos visto por parte de Carabineros.

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