Sobre dos marchas narrativas

La marcha del Sí y el triatlón atraviesan el debut de estas jóvenes escritoras.

Un debut literario abre un campo de visibilidad allí donde antes había indicios, murmuraciones o silencio. Libros del Amanecer y Provincianos editores han apostado por los debuts narrativos de Bernardita García Jiménez (Santiago, 1988) y Zow Ormazabal (Santiago, 1992), La gente como uno y 515 km, respectivamente. Si bien se trata de obras disímiles, presentan elementos que permiten pensar de manera conjunta el campo de visibilidad que ellos abren. Uno de ellos es la construcción de una subjetividad de matriz cristiana que empuja a ambos relatos: la reivindicación o superación personal basada en la idea del sacrificio, al desplazar los propios límites mentales y corporales, en el caso de la narración de Zow Ormazabal; la absolución con respecto a los privilegios de la clase de origen en la novela de Bernardita García Jiménez. Otro rasgo que permitiría comentarlas en paralelo sería la inscripción de un tema singular, distintivo, para explorar en sus primeras publicaciones. En el marco de la literatura chilena reciente, y dentro de los textos que han trabajado con deportes, la autora de 515 km apuesta por una disciplina que aparece como una novedad, el triatlón o las carreras extremas. Mientras que la segunda de las autoras señaladas nos presenta un libro contado desde otra posición —otra clase— en la desgarrada historia del país durante las últimas décadas, travesía demarcada por dos hitos que simbolizan el camino (des)andado: una marcha en apoyo al Sí en 1988 y una de las multitudinarias marchas del estallido social del 2019. En sus marchas narrativas iniciales, tanto Bernardita García Jiménez como Zow Ormazabal, registran marcas abiertas a márgenes de mejora.

515 km

Zow Ormazabal

Provincianos Editores

192 páginas

515 km anuda, en su relato intercalado, las voces de un niño, Will, quien tiene diez años al inicio de lo narrado, Linda, quien al comienzo del libro sufre una demoledora separación que la lleva a redescubrirse y la adolescente Julie, quien tiene una hermana gemela, Becca. Cada una y uno de ellos inicia su andadura dominando uno de los tres deportes que conforman la disciplina del triatlón: Will, la bicicleta, Linda, la carrera a pie y Julie junto a Becca, la natación. Al grupo de personajes los amalgama un deseo ultracompetitivo por los deportes que llevan hasta un extremo la condición mental y física. Es este móvil el que permite que los personajes se encuentren y entablen relaciones en las que se apoyan para alcanzar sus metas, no sin antes sufrir sendos fracasos y llegar a sentirse culposos por merecerlos. O incluso culposos por no merecer sus tempranos éxitos. Por su parte, La gente como uno narra la contra-historia de una transferencia; la de Bernardita, nacida en una familia Opus Dei, de clase alta, estudiante de colegios privados del sector oriente de la capital, de padres adherentes a la figura de Pinochet y funcionarios en empresas estatales durante la dictadura, quien a medida que crece intenta buscar la absolución con respecto al clasismo estructurante, la violencia histórica y los privilegios de ese mundo en el que creció. Al igual que 515 km, es una narración intercalada, pero no a partir de voces narrativas, sino que a partir de la temporalidad, mediante capítulos que van hacia atrás y hacia adelante en la vida de la protagonista y que, en varios momentos de su alternancia, se intersectan con algunos de los momentos más icónicos de la historia reciente del país. Paratextualmente, el libro es presentado como «no ficción creativa». Se trata de una expresión exitosa en el ámbito anglosajón que le resta posibilidades semánticas e históricas al término «ficción», para transformar en una rentable etiqueta (editorial y universitaria) a la palabra creativo/a.

Desde una perspectiva psicoanalítica, la transferencia no solo correspondería a afectos o emociones, sino a toda una estructura intersubjetiva de transmisión intra, inter y transgeneracional que involucra, en el espacio familiar, a palabras fundantes, imágenes y símbolos culturales, actos de transferencia pre-cognitivos o pre-lingüísticos, que se convierten, con posterioridad, en síntomas. El relato urdido por la protagonista de La gente como uno es el de una lucha con respecto a estos síntomas y su transferencia intergeneracional. La transferencia posee una naturaleza paradójica, ya que al manifestarse por medio de la compulsión a repetir, obstaculiza pero también impulsa hacia adelante. Es esta tensión la que hace avanzar en forma de vaivén el relato de Bernardita García Jiménez, a partir de una experiencia que no solo es visual, sino que también es auditiva. De hecho, la expresión «gente como uno» («G.C.U»), que actúa como un código que instituye el clasismo y organiza el relato, es escuchada por la protagonista desde muy pequeña edad y narrado en el capítulo de apertura. Dicha palabra fundante también posee una demarcación espacial al interior de lo narrado. Es básicamente a partir de su ingreso a una universidad privada que la protagonista comenzará a frecuentar de «Plaza Italia para abajo». Un término con una función similar dentro del libro es «sirvienta», proferida por Bernardita —siendo niña— a Irene, la empleada doméstica con la que creció y que constituye una de las experiencias más determinantes para la búsqueda de su posterior absolución. El tono que construye la novela guarda más fuerza cuando la experiencia narrada es de asombro o desconcierto, en lugar de cuando lo que se cuenta apunta a una afirmación personal. O cuando las posiciones morales son atravesadas por ambigüedades. En este sentido, hubiera sido significativo ahondar en algo que en la novela se presenta como una elipsis, el paso del hermano mayor de ser una figura disruptiva en la familia a ser un editor financiero neoliberal.

La gente como uno

Bernardita García Jiménez

Libros del Amanecer

248 páginas

Por el pacto de verosimilitud que exige, creo que 515 km gana bastante si, en cuanto a convención de lectura, se la lee como una novela adscrita a la literatura infanto-juvenil (LIJ). Un viejo esquema narratológico entre verosimilitud y motivación propuesto por Gérard Genette podría servir para fundamentar este punto. Genette propuso una breve tipología de los relatos a partir de las relaciones que podían establecerse entre ambos elementos, de acuerdo a si la motivación que empujaba lo verosímil del relato era más menos implícita o explícita. Es decir, el modo y la magnitud de cómo quien narra da cuenta de la información, cómo se adscribe o no a ciertas convenciones, cómo presenta lo narrado y construye sus caracteres. En 515 km la motivación que sostiene la verosimilitud es mayoritariamente explícita, manifestada tanto en las voces narrativas que se van intercalando capítulo a capítulo, como en los diálogos que se producen entre ellos y entre el elenco secundario de personajes. Este carácter explícito de la motivación afecta a los diálogos en términos de espontaneidad, en términos de oído, y afecta, de modo similar, a la voz narrativa en su verosimilitud. Por ejemplo en las primeras intervenciones de Will, cuyo discurso resulta extraño para un niño de su edad (por más que se lo presente como a un «viejo chico»), y la afecta, a la vez, en su polifonía, ya que no se producen marcadas diferencias singularizadoras entre las voces que urden la narración. El capítulo final («Enfriamiento») es un caso notorio de este carácter explícito de la motivación que recorre la novela. Se trata —también— de una elipsis, una narración sumaria dispuesta bajo la forma de diálogo, en la que se dan a conocer los desenlaces de los personajes principales. Todo esto nos habla que, a la vez, un debut literario puede producir —internamente— sus propios indicios, murmuraciones y silencios. Una caja de resonancias que dispone materiales para ser elaborados en futuras entregas.

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