Todo está vivo y es inmundo / Soledad Fariña

Soledad Fariña

Jámpster Libros

48 páginas

Hay autores que se esfuerzan en ocultar sus referentes, famosa la anécdota de Huidobro cambiando la fecha de su libro para «hacer creer que éramos nosotros quienes lo imitábamos a él, y no él quien imitaba a los demás» según palabras del francés Reverdy. Y es que en las primeras décadas del siglo XX el mundo se caía a pedazos y era apremiante destruir lo antiguo y fundar. Kristeva habló de intertextualidad en los años sesenta, lo que más o menos quiere decir que todo texto habla a partir de otro texto y que debemos siempre leer a partir de esa red compleja que es la literatura. Después de los griegos, todo es reescritura. Lo sabe Juan Luis Martínez en La nueva novela, en donde trabaja con los referentes más importantes de su época y a través de los cuales se hace posible la lectura su libro.

Soledad Fariña (1943) es una de las poetas que más evidente ha hecho su trabajo con la reescritura en Chile, desde Albricia (Ediciones Archivo, 1988), En amarillo oscuro (Surada, 1994), Narciso y los árboles (Cuarto Propio, 2001), Donde comienza el aire (Cuarto Propio, 2006) y Se dicen palabras al oído (Torremozas, 2007) tensa la red de relaciones que motivan el trabajo con el lenguaje.

El 2010 publica Todo está vivo y es inmundo (Cuadro de tiza), plaquette que hoy, diez años después, está a cargo de Jámpster Libros. El ejercicio realizado por Soledad Fariña consiste en releer, retomar, hacer propias, frases y palabras que provienen de la novela La pasión según G.H. de Clarice Lispector para proponer un ejercicio poético de composición y montaje. Como una recolectora, saca un puñado de palabras y las transforma, construye en Todo está vivo y es inmundo un laberinto que nos lleva a un abismo que sabemos tiene que ver con el silencio. Lispector trabaja con esta materia, el silencio, sabe del poder de las palabras, les teme. Sabe de la fuerza que las gobierna y de alguna manera, Soledad Fariña construye con ese silencio uno propio: «en la hora de mi muerte/ no seré traducible en palabras» sentencia, y el blanco que deja en suspenso el resto de la página es también intraducible.

Este libro es a su vez un ejercicio sobre la palabra misma, sobre el hecho de escribir: «quisiera estar cautiva/ qué hacer con tanta libertad» y podríamos bien leer aquí el respiro que puede significar el trabajo desde y con otra escritura que te entregue un límite. Escribe: «el contacto/ con la cosa/ tiene que ser/ un murmullo» y la cursiva en medio del verso es un gesto imperioso, la necesidad tal vez de que ese tiene, se cumpla, radica en que, de no ser así, tal vez solo nos quede el vacío.

Detrás de este gesto, de decir a partir de las palabras de otro veo una propuesta también política, un deseo no de fundar, y aquí vuelvo a la idea del comienzo de este texto, sino de construir con otros por amor a las palabras.

El libro viene acompañado de un hermoso prólogo de Chus Pato en el que la escritora y profesora gallega no solo intercepta los conceptos que atraviesan el libro de Fariña, sino que los ejecuta a través de un juego de espejos con un ensayo de Mario Montalbetti. Todo está vivo y es inmundo es así un juego de voces, una búsqueda literaria que se basa sobre todo en tener el oído atento en los otros.

Fragmento: