Tres hebras, Gonzalo Millán: Dejarse escuchar

Tres hebras rojas. Conversaciones con Gonzalo Millán

Luis Andrés Figueroa

Editorial Bogavantes

103 páginas

No siempre se tiene la necesidad de ir un autor fuera de su obra, muchas veces su obra nos saca de él para siempre. Otras, como en el caso de Gonzalo Millán, tiene un imán con él. Es por esto que este nuevo libro Tres hebras rojas. Conversaciones con Gonzalo Millán, viene a habitar un espacio entre los lectores y el autor, y lo hace desde dos escenarios: un café y una clase de gringos sobre poesía chilena de la que el autor participa como invitado.

Millán es entrevistado por Luis Figueroa, autor de varios títulos, entre ellos: Una forma de huella en la arena (2008), Playground (2015) y el notable Café invierno. Conversaciones con Ennio Moltedo (2006). Y Millán se deja escuchar. Lo hace con una enorme claridad, sin aspavientos de intelectualidad, sin recovecos oscuros, salvos los ineludibles de la poesía, y a los que el poeta les deja hacer. El libro está dividido en tres momentos principalmente: «La Hebra roja», en donde discurre una conversación en un café de Santiago acerca de los caminos que lo llevan a la escritura de Relación Personal y su vínculo con lo político, pero también sobre su descreimiento anarco. En un momento la conversación discurre sobre la adolescencia y el erotismo presentes en su primer libro: «De partida ni es un erotismo lírico; es un erotismo chocante y de ahí que tuve también esta visión determinada por algo que yo pensaba respecto del sexo en nuestra realidad. Y el sexo, como otras cosas básicas, sufre mistificación. Porque yo sentía que plantear las cosas crudamente era disipar esa mistificación».

El segundo momento: «Las vidas mínimas de la autobiografía» es sin duda el más interesante del libro, primero por el tono, Millán está en una conferencia, o clase con un alumnado del programa Washington University in Saint Luis-Chile. Es decir, un programa de intercambio de la Universidad de Chile, en el campus San Joaquín. Millán habla sobre todo sobre dos temas, la biografía y la ficción, la alienación presente en la lectura de esta última, y la búsqueda de la historia mínima que él escudriña en la primera. Y, por otro lado, sobre su experiencia identitaria en su paso por los países del norte de América: Canadá y E.E.U.U. Sabemos por sus palabras que era confundido por un mexicano que recogía tomates, que en la aduana se enteró que el país gringo lo tipificaba racialmente como hispanic, descubriendo un horizonte de discriminaciones: «Entonces las relaciones anglo-latinas entran en un impasse, es decir, yo me siento incomprendido, maltratado, mal considerado, y por otra parte, uno también mira a los gringos de esa misma manera. Uno también devuelve, porque las cosas funcionan así». Me imagino la cara de los gringos. Pero también habla sobre el modo en que se hermana con migrantes latinos como él en el país extranjero, cómo la lengua, la religión, el modo de vivir latino, le soplan la oreja más fuerte que nunca en el exilio.

En el último momento del libro, en «Paralizado peregrino», el poeta disgrega sobre la figura del golem, su origen gnóstico y el modo en que aparece y se construye en su obra; y sobre el héroe, el que sin duda es él mismo, quien se da el viaje completo de Cambell y que vuelve a su ciudad natal, en donde a nadie le importa su historia.

El libro tiene además un archivo de fotografías inéditas, un correo electrónico escrito por Figueroa a Millán un mes antes de la muerte del poeta, y el prólogo de Luis Riffo. Un libro que nos ayuda a conocer al poeta del valle, o el poeta a ras de suelo que es Gonzalo Millán.